Actor Fernando Allende lanza Memorias del futuro en la Feria del Libro – Cine y Tv – Cultura

Para poder entrar a los estudios Churubusco, de Ciudad de México (uno de los cuatro grandes de la época de oro del cine mexicano), Fernando Allende primero miraba cómo meterse por el ingreso de vehículos, y ya adentro, se iba con sus retratos y su registro a los escritorios de las secretarias, para entregárselos.

Una de ellas lo miró un día y le dijo que era “perfecto” para el personaje de Efraín, de la película María, que se haría en coproducción con Colombia y cuya protagonista era Taryn Power, hija de Tyrone Power.

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Era 1971. Allende tenía 19 años y tuvo la suerte de que lo citaran a la audición. Al día siguiente no tuvo que colarse, sino que entró con un “señor Allende, pase usted”.
Antes de la prueba le preguntaron si sabía montar a caballo. Dijo que sí “y yo la verdad solo había montado en los ranchos, de paseo. Pero si me hubieran preguntado que si era experto en trapecio, mi respuesta hubiera sido que claro, que era de la familia de los hermanos Gasca”, cuenta.

Le dieron la ficha 67 y esperó. Y cuando terminó su audición, con Power, oyó que dijeron: “Este es el Efraín que estamos buscando”.

Allende cuenta la anécdota, que además está en su libro Memorias del futuro, que lanzó el 21 de abril pasado en la Feria del Libro de Bogotá, en un regreso a Colombia que –dice– debía, porque considera que aquí se lanzó su carrera, que ha sido llena de éxitos.

Lo cierto es que esa película sobre la obra de Jorge Isaacs le dio, entre otros, un premio Ariel, el galardón más importante del cine mexicano.

“En la película estaban hombres muy importantes del cine mexicano, como Tito Davidson y Gabriel Figueroa. Se hizo con una gran calidad”, agrega.

La grabación fue en Colombia, en la hacienda El Paraíso, en las inmediaciones de Santa Helena, en el Valle del Cauca.

“Antes de que salieran los grandes libros de Gabriel García Márquez, María era la obra colombiana más conocida. Inicialmente yo pensaba que era parte de la imaginación, pero luego supe que tenía mucho de autobiografía y que María sí existió”.

Hoy ratifica lo que siempre ha pensado, que ese personaje sí era para él. “Me sentí Efraín, fue algo místico caminar por la hacienda, vestido como él, viviendo un romance que tuvo mucho de verdad y hasta analizando que no era fácil en esa época que alguien se enamorara de una joven que vive en tu casa, como tu familia, así sea la hija de cercanos de tus padres. Seguro eso no es veía bien”.

El joven Allende que llegó a Colombia regresó a su país y siguió su camino en la actuación. Ha estado en telenovelas y películas, tanto en México como en Estados Unidos. A lo largo de los años se dedicó a la producción y a la pintura.

Me sentí Efraín, fue algo místico caminar por la hacienda, vestido como él, viviendo un romance que tuvo mucho de verdad

Pero ese no fue su único contacto con el país: hizo tres producciones para televisión que fueron María Bonita, Dulce ave negra y Sangre de lobos. En total, ha hecho 14 telenovelas y más de 40 películas.

En su trayectoria hubo otra película que le ayudó en la consolidación, La Virgen de Guadalupe, de 1976, cuando quiso ser el indio Juan Diego, a quien se le debe esta advocación.

No era su perfil físico, pero sentía que podía hacer este personaje. Entre otras cosas, para quitarse de encima “eso de que por María yo había sido el sabor de la semana, flor de un día”, como dijo alguien, que no creía en mi talento.

Hubiera podido ir fácil, pues uno de los productores era Guillermo Calderón, uno de sus mejores amigos. Pero no. Allende, que conocía a las personas de producción, vestuario y maquillaje, les dijo que lo ayudaran a tener una figura como la de Juan Diego.

Lo citaron a las 5:30 a. m. y él, con la madrugada, se quedó dormido en la silla en la que lo había acostado para caracterizarlo.

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“Me desperté cuando enderezaron la silla y me quedé pasmado de ver lo que hicieron. Luego fui a vestuario y conseguí la ropa idónea”, dice.

Ya listo, decidió ir a la oficina de Calderón, en los estudios Churubusco, y se sentó en el andén de la entrada. Vio cuando este llegó. “Me miró e ignoró, siguió a su oficina. No sabía que era yo”.

Luego de un rato, la secretaria de su amigo salió y lo hizo seguir. “Entré hablando como Juan Diego y Calderón me mostró una silla. Empezó a caminar alrededor mío, diciéndome que era una lástima, pero que él necesitaba un actor con recorrido y renombre para ese personaje, que lo ideal era tener una estrella”.

Allende se quitó la peluca y le dijo que era él. No hubo más que hablar, esa misma tarde firmaron el contrato.

“Mi objetivo siempre ha sido dejar huella y he tenido la fortuna de hacer personajes con relevancia. De cada uno aprendo, he evolucionado con ellos, así sea maloso, vicioso, porque nos enseñan lo que debemos hacer y lo que no”.

Cuenta que es artista desde que tiene uso de razón. Siempre quiso ser actor y cantante, esta última otra de sus facetas reconocidas.

Mi objetivo siempre ha sido dejar huella y he tenido la fortuna de hacer personajes con relevancia. De cada uno aprendo, he evolucionado con ellos

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“Siempre me apasionaron las películas de Rocío Dúrcal, que luego fue mi amiga; de Joselito, Pulgarcito. Me imaginaba frente a la cámara o con una orquesta detrás, cantando. No quería ser famoso, sino popular, como lo fui en el colegio. Los maestros me permitían ayudarles a calificar los exámenes y montar las fiestas del Día de la Madre, de fin de curso. Por eso me entrenaba en el coro, en las obras teatrales. La gran ventaja de saber qué quería ser me permitió enfocarme desde niño”.

La pandemia le enseñó que al tener un enemigo común se puede reaccionar como familia, como una unidad.

“Nos cubre un mismo cielo y una misma casa, que es la Tierra. Tuve tiempo para escribir libretos para cine, el libro, y para ponerle códigos QR a Memorias del futuro, para acercar a la gente a mi trayectoria. Y para ver que Adán, mi hijo menor, dedicado a la música y que ha trabajado con Ricky Martin, decidiera convertirse en sicólogo para tratar de ayudar a las personas”, agrega.

También para pintar más. Comenzó hace 20 años e incluso ha expuesto en Art Basel.
Repetiría dedicarse al arte si volviera a vivir. “Con sus más y sus menos, con todo”. Y con su Efraín incluido caminando o cabalgando con sus nostalgias por la hacienda El Paraíso.

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