La mítica película “Cabaret” cumple cincuenta años

La mítica película Cabaret, que encumbró a Liza Minnelli y supuso un antes y un después del género del musical, cumple mañana cincuenta años y no ha perdido frescura ni actualidad, como lo demuestra que versiones de musical de la misma obra siguen representándose en el West End londinense.

Cuando la película se estrenó un 13 de febrero de 1972, ya llevaba seis años en cartel como un exitoso musical de Broadway, basado en una obra de teatro de 1951 que a su vez se inspiraba en la novela autobiográfica “Goodbye to Berlin” de 1939.

Aunque todas esas versiones previas tuvieron fortuna, nada es comparable al bombazo que supuso la película dirigida por Bob Fosse y que ganó ocho Óscars, incluidos el de mejor director, mejor actriz y mejor banda sonora, convirtiéndose en una de las películas más laureadas, y la carrera de éxitos continuó con los Emmy, los Golden Globe y un largo etcétera.

Una americana en Europa

La trama de Cabaret es la historia de Sally Bowles, una americana (Liza Minnelli) que se gana la vida como bailarina y cantante del club berlinés Kit Kat y que tiene una relación amorosa triangular con un joven británico con ínfulas de intelectual y un noble alemán.

Este último se acuesta con ambos, y después Sally queda embarazada, sin certeza de quién es el padre, y decide abortar.

La historia de un americano más o menos libertino yendo a divertirse en la vieja Europa ha dado mucho juego en la literatura y el cine: Ernest Hemingway lo hizo y lo contó (en Pamplona, en Madrid y en París), y Patricia Highsmith lo refinó con su Tom Ripley, el seductor asesino que jugaba a la ambigüedad sexual.

Más recientemente, Woody Allen lo volvió a abordar en “Vickie Cristina Barcelona”, y Luca Guadagnino en “Call me by your name” (de nuevo un homosexual norteamericano empujando los límites de la moralidad en Europa); la última secuela, ya muy devaluada, ha sido la exitosa serie de Netflix “Emily in Paris”.

Lo que distingue a “Cabaret” es, primero, su carácter precursor: en 1972 todavía no era corriente abordar abiertamente cuestiones como la homosexualidad y el aborto, centrales en una película que pregonaba el hedonismo y que mereció en un primer momento su clasificación como película X (pornográfica).

Pero es tal vez el contexto político en que se desarrolla la película lo que la hace más original: la historia que relata Cabaret tiene lugar en 1931, en la República de Weimar, en un momento en que Berlín bullía de creatividad pero asistía ya al ascenso del nazismo.

El nazismo es una ominosa sombra que va creciendo a lo largo de la película, y si los espectáculos del Kit Kat se mofan al principio del partido de Hitler, en una de las escenas finales se ve cómo la mayoría de los espectadores van vestidos con la cruz gamada en el brazalete mientras el clima se vuelve irrespirable.

Las carreras de Fosse y Minnelli

Tanto Bob Fosse como Liza Minnelli eran personajes polifacéticos con un pie en el cine y otro en la canción, lo que los hacía los candidatos perfectos para encabezar un musical donde las canciones fluyen con gran naturalidad, sin romper en ningún momento el ritmo narrativo.

El enorme éxito alcanzado por “Cabaret” no impidió que Fosse (productor, bailarín y coreógrafo, además de cineasta) continuara una productiva carrera que le llevó a dirigir en 1975 el musical “Chicago”, uno de los más afamados de la escena de Broadway, o a filmar “All That Jazz”, una película autobiográfica estrenada en 1979 y que ganó la Palma de Oro en Cannes y luego cuatro óscars.

A Liza Minnelli no le fue mal (ha ganado premios Óscar, Tony, Grammy y Emmy), y volvió a protagonizar películas exitosas como “New York, New York” de Martin Scorsese (donde brilló cantando la mítica canción del mismo título, que luego repitió en dúo con Frank Sinatra) o “Arthur”, donde era una chica pobre que enamoraba a un millonario decadente.

Pero de algún modo, el personaje de Sally Bowles definió el resto de su vida: su interpretación de la canción “Money Money” es recordada incluso por aquellos que no han visto la película, y el aspecto que adoptó para convertirse en Sally Bowles, con ese corte pixie tan característico, se convirtió en “marca de la casa”.

Ha contado en varias ocasiones que ella tenía una idea muy distinta de su personaje, y buscaba inspiración en Marlene Dietrich, pero pidió consejo a su padre, el también cineasta Vincente Minnelli, quien se lo quitó de la cabeza: “Estudia todo lo que puedas a Louise Brooks”, una cantante americana de los años veinte, y de ella copió su maquillaje y peinado.

En los últimos años, Minnelli ha estado alejada de los escenarios, como cantante y actriz.

El abuso de drogas y medicamentos (sobre todo tras la muerte de su madre, la famosísima Judy Garland) le han pasado factura, y ahora, con 75 años, solo acude como invitada a galas de premiación de otros artistas.

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